Impresiones sobre la Bienal de Danza de Cali

En esta nueva edición, la quinta, que hace cumplir al certamen una década de existencia pude ver 19 propuestas presenciales y dos virtuales.  Con preponderancia de conjuntos de danza contemporánea, aunque también ejemplos de folclor, danza urbana y tap.  Fue una gran satisfacción poder admirar a los grupos nacionales que mostraron rendimiento y profesionalismo.

Las compañías nacionales de danza contemporánea procedían de Bogotá, Cartagena, Medellín, Quibdó y Cali.  Las de la capital del país fueron:  L´Explose que presentó una pieza de referencia de este conjunto que ya tiene varios lustros titulada La mirada del avestruz, con coreografía de Tino Fernández, al que se le rendía homenaje con la presentación de otra pieza, película tributo a su memoria y muestra fotográfica debida al lente de Michel Cavalca.  La obra de gran fuerza dramática es un buen ejemplo de las creaciones de Fernández centrado en la danza teatro y en los conflictos de la sociedad que los provoca.  El performance del grupo Enjambre enseñaba videos y la participación de dos intérpretes femeninas que deseaban evocar la comunidad Nükak que hoy se encuentra amenazada.  Su solución es lírica y simbólica y en nada tiene que ver con lo étnico.  Por su parte, Cortocinesis ofreció un espectáculo fluido, recursivo e imaginativo que fue presentado en un entorno íntimo con un manejo de luces impecable y con una coreografía solvente de su director, Vladimir Ilich Rodríguez.  La pieza se titula Volátil.  La compañía  del Teatro Santo Domingo recién se fundó en el 2019, su trabajo Incluso la noche está aquí, señala la dificultad de las relaciones interpersonales y se vale del encierro alegorizado en un cubo transparente y móvil.  Su coreografía es correcta, aunque las soluciones gestuales son bastante conocidas y la oferta de varios episodios diversos generan cierta incoherencia.  La autoría es de Sara Storen.  Antígona, la tragedia de Sófocles, tan pertinente a la sociedad colombiana de hoy, fue una propuesta atractiva y eficaz del Proyecto Orbitante de Ideartes.  Todos los componentes escenográficos actuaban en la obra:  plataformas, tierra y agua.  Se consiguió ofrecer un espectáculo con cohesión y momentos conmovedores conservando elementos de una tragedia que también es nuestra.  Estuvo bajo la dirección de Jimmy Rangel.

De Medellín dos grupos de danza contemporánea afro.  Wangari que ofreció Trenzadas, una obra que desea hacer hincapié sobre la violencia y la discriminación.  También sobre la condición de la mujer afro.  A los lados del escenario se podían ver fotos y datos de personas asesinadas recientemente.  La coreografía era atractiva, solo que los danzantes en distintos momentos decían textos y creo que ninguno tenía el entrenamiento actoral para comunicarlos correctamente.  El diseño coreográfico es de Yndira Perea.  La clausura de la bienal estuvo a cargo de Sankofa con la obra Detrás del Sur:  danzas para Manuel.  En homenaje a Manuel Zapata Olivella, y su conocido libro Changó, el Gran Putas.  La coreografía de Rafael Palacios fue impecable, poética, sugerente y nostálgica.  El espectáculo se sucedía fluido a la vez que contenido y elegante, mostrando la presencia de África en nuestro territorio, tan caro a los intereses literarios del autor e investigador.

De Cartagena el grupo Colegio del cuerpo dirigido por el veterano Álvaro Restrepo con la pieza Dos volcanes y un laberinto, interpretada por 10 oficiantes.  En la publicación de la bienal se lee: “La compañía Cuerpo de Indias es reconocida como una de las propuestas emblemáticas de la danza contemporánea en el mundo”.  Nada más lejos de la verdad.  No deja de ser esta afirmación una megalomanía provinciana.  Álvaro Restrepo es un coreógrafo muy talentoso e imaginativo, recursivo y hasta poético.  Con espectáculos de distintas calidades, pero no uno de los mejores del orbe.  Eso es un exabrupto.  El señor Restrepo salió antes de la obra, o mejor hizo formar parte de ella, un discurso penoso, con proyección incluida que mostraba sus dos “amigos” García Márquez y Mutis, fotos viejas de Ruven Afanador sobre un solo antiguo suyo y textos leídos por los hijos de los escritores antes mencionados.  Toda esta intervención inútil y que producía pena ajena empañando una puesta en escena solvente, con imágenes potentes y conmovedoras, amenizadas de más textos, aquí y allí, que sobraban.  Porque los intérpretes no representaban personajes en concreto, sino que alegorizaban una historia imaginativa y emocionante que rebasa y desborda las personas sugeridas.  Un poco de modestia y tacto señor Restrepo que su talento no necesita de ditirambos.

De Quibdó el grupo Jóvenes Creadores del Chocó con su encendida pieza Cuestión de dignidad.  Un espectáculo que reflexiona sobre una realidad dramática y marginal en uno de los territorios más abandonados del Estado.  La obra con sus danzas y coreografía también es sobre todo un gran grito de protesta en medio de la violencia y el deterioro.  No se podría esperar menos de este grupo juvenil afro esta vez ayudado por la coreógrafa Yndira Perea.

Incolballet presentó su compañía de danza contemporánea que viene funcionado desde el 2015.  La obra El ruido del silencio resultó un espectáculo que se desarrollaba con solvencia y desenvoltura no solo gracias a la coreografía, los recursos visuales sino al desempeño de los intérpretes.  La puesta en escena estuvo a cargo de Arlai González y Susana Pous.  Recibieron una merecida ovación.

De los conjuntos internacionales vi presencial el de Suiza:  Compañía 7273, un trabajo más que minimalista resultaba simplista y pobre de recursos.  Virtualmente observé el trabajo de Preljocaj quien siempre presenta espectáculos atractivos y que regularmente no dejan indiferentes al espectador.  Esta vez se propuso trabajar sobre El lago de los cisnes.  Pensé que la coreografía iba a ser solo producto de su imaginación y que ofrecería una pieza del todo contemporánea.  Los animales resultaron ser otros.  Las sacudidas fuertes de las caderas los hacían parecer avestruces, y algunos movimientos de brazos y manos recordaba flamencos.  Pero usó la distribución de los “cisnes”, el dúo de amor, el pas de quatre y la estructura de la obra que había creado Petipa e Ivanov a finales del siglo XIX en Rusia.  Las distintas versiones que he visto del Lago siempre dicen a partir de.  Pero Preljocaj pretende su sola autoría.  La consagración de la primavera de Pina Bausch efectivamente es una coreografía icónica no solo de Pina sino dentro de las versiones de la Consagración.  Pero necesita intérpretes con energía, fuerza contenida y emoción, de la cual carecen los 36 bailarines de 14 países africanos.  Los intérpretes de la danza teatro de Wuppertal tienen una formación muy particular que son capaces de comunicar las pasiones humanas, un empeño de Bausch quien creía que era primordial.  Aunque resulta muy laudable y generoso por parte del conjunto alemán ceder la coreografía es preciso que se escojan intérpretes capaces de hacer justicia a la obra.  La película, por otro lado, resulta muy básica y nada impresionante en las arenas de Senegal.

Otra de las ofertas de la bienal fueron los solos.  Cinco en total que se presentaron la mayoría en el Centro Coreográfico La Licorera, un estupendo complejo que prácticamente se estrenó en este evento para mostrar la primera etapa del ambicioso proyecto.  L´Explose ofreció la pieza Tiresias o la razón de ser, una impecable y conmovedora obra interpretada por Angela Bello sobre la dificultad de ser y existir basado en el invidente personaje de la tragedia griega.  De Francia Nach una estupenda bailarina que ofreció su tonificado cuerpo para lograr un espectáculo donde lo performático, las luces, los textos y el video lograban un trabajo de importante nivel.

Las tres propuestas de Senegal estuvieron a cargo del bailarín Amala Diador quien ofrece una oda al cuerpo, a la precisión de movimientos y una simple y profunda oportunidad poética.  Clarisa Lea Sagna en el proyecto Ella Poema referencia el texto de Stella Díaz Varín de Chile para su actuación que tuvo un notable desempeño en el escenario pero que a la mitad de la pieza decidió inútilmente interactuar con el público interrumpiendo su continuidad.  En algún lugar del inicio fue la celebrada propuesta de Germaine Acogny, la veterana bailarina y coreógrafa directora del Centro Internacional de Danzas Africanas Tradicionales y Contemporáneas, conocida también como École des Sables.  Ella tiene una gran presencia escénica que desafía su edad que sobrepasa los 70 años.  Su espectáculo autobiográfico con opiniones críticas y evocaciones de la Medea de Eurípides es impecable.  Depende en mucho de la tecnología que proyecta videos simultáneos y logra una atmósfera elegante y refinada.  Se mereció la ovación final.

Finalmente, pero no en último lugar quiero referirme a cuatro funciones que tienen que ver con danzas urbanas, folclor y tap.  Fue muy sorpresiva la función de Noche de danzas urbanas que mostró cinco conjuntos del Valle:  Free Style Dance (Cali), Laboratorio de investigación y creación en danzas urbanas (Cali), Caciques Break (Jamundí), Escuela de Formación de Danza 527 (Palmira) y Style King Crew (Tuluá).  Las coreografías, vestuario y luces ofrecieron trabajos muy distintos, pero todos de notable calidad.  Presentando bailes con energía, fuerza y sobre todo una gran alegría por realizar movimientos corporales.  El espectáculo Alivetap de Julián Garcés Ocoró es una propuesta muy original que estaba integrada por Yorma Bernal (voz y gaita), Lorena Ramírez (piano), Pedro Jackson (percusión) y Kike Harker (contrabajo).  El bailarín de tap no solo zapateó sobre el escenario sino en un recipiente con arroz y en otra ocasión sobre agua, sacando en ambos sonidos inéditos.  Asistí igualmente al resultado de la residencia que impartió la francesa Nasch para 10 bailarines de Bogotá y Cali quienes produjeron un trabajo algo ingenuo pero que al final en individuales improvisaciones mostraron sus destrezas particulares.

La sorpresa fue mayor con la pieza Acosón:  África, Colombia y son, bajo la dirección de Edward Mina.  Esta es una propuesta del Tecnocentro cultural Somos Pacífico que para este espectáculo unió a cuatro conjuntos:  Juventud 2000 que dirige el propio Mina, Timbalero con swing que preside Luisa Ortiz, The 21 Crew de Ramiro Pino y Raza Urbana de Andrés Tovar.  Con 48 artistas que interpretan folclor, danza urbana y salsa se da cuenta de la cultura negra.  En un viaje a través del tambor que comienza en África y termina en nuestras calles.  El resultado es una pieza de gran envergadura, alto nivel profesional, rico vestuario y mucha energía en todos los intérpretes.  Recibió como lo merecía la aclamación del público.

Miguel González | Curador de la Bienal Internacional de Danza de Cali

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